Nuestra jitanjáfora: capítulo 1

No había forma de convencer a Manuela de que dejara lo que estuviera haciendo para que fuese a soplar las velas en su casi improvisado cumpleaños. ¿Qué importan las velas?, ¿qué importan los globos?, decía una niña de diez años. Diez años, y luego tuvo treinta, y en esos veinte años pasa más que el tiempo y su aroma, pasan los desencuentros oblongos. Y luego tuvo cincuenta, entonces en esta edad todo se perdona mucho más rápido, y, mientras todos visualizábamos aquel medio siglo junto a ella, pensando que era la mitad de una canción, uno ya conoce el estribillo y quiere volver a oírlo; que era la mitad de una aceituna, ya percibimos el carozo, su forma y su textura, y tratamos de evitarlo y desprenderlo del resto del carnoso fruto; se nos fue Manuela.

Mateo había llegado dos días antes y, en ese suspiro, la persona que más había querido se había despegado del cuerpo, de un salto, para integrarse en la comunidad del recuerdo, entre las fotos y los rincones pisados, los videos y los olores que consuman vitalidad en el obrar de la presencia.

Manuela y Mateo, azúcar y agua, por más que la cuchara haga su trabajo, el agua, sí, quedará azucarada, pero el azúcar será difícil de hacer desaparecer en el vaso. Siempre estarás solo le dijo una vez ella, y se lo creyó. Como quien le hubo profesado y revelado su futuro, resultó necio, tanto como para hacerle caso a aquellas palabras de infortunio y desgracia. Para eso ya estamos nosotros mismos, pensaremos en barbaridades, catástrofes y mezquindades para que luego nos sorprenda la felicidad insospechada. Al principio todo fue así, ella se iría y él se quedaría, era una verdad inexorable, pero el humano, hipócritamente, tan contradictorio que da pena, guarda siempre un poco de esperanza, alguna ráfaga de aire en el mediodía de verano y si llega, es una hilera de dientes descubiertos para todos, pero también, a veces, una hoja marchita levantada del piso y pegada con cola en el lugar que ocupaba, mientras un nuevo brote hace fuerza para despacharla, una falacia.

Se esperaron, ¿para qué?, para que en cuarenta y ocho horas se disfrutaran como si no hubiera otro fin venidero que el del padecimiento, y que así lo fuera; para que los ojos tuvieran dos actos disímiles y un telón cayéndoseles, sin haber tenido la oportunidad de entremeses. Pero las horas valieron más que los años de virtuosos logros y los actos valieron más que todo el palco y las tertulias vendidos. Porque era la distancia un escollo hecho añicos, era la espera un caramelo relleno y todo fue relativo luego de su último primer roce.

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Captura al paso

Querida de los labios lentos,
de los abrazos más cortos que verdaderos,
de los mensajes erróneos a propósito,
de las miradas a medias y por tropiezo.
Querida de venas de hierro,
de sangre de hielo,
de angustiosas palabras que, recien ahora, se las lleva el viento.
Querida,
has matado la ilusión al tiempo,
has musitado la desdicha en todo momento,
has sembrado un final que desconocía,
has dejado enfriar el café que al parecer solo a mí me apetecía.

Feria de arte

Desencadené la determinación al querer comprometerme con la cultura montevideana. Estoy en una feria de arte en el Museo del cannabis. Es austera. Me presento al aire acogedor y acepto la etérea presencia de los artistas exponedores.

Ofrece arte contado con los dedos de una mano, pero buena, dentro de los márgenes estéticos que creo que se propone. No voy a mentir, he vichado sin darle tiempo a la contemplación, pero es que ya conozco la obra de una de las artistas, y es lo de ella lo que hasta ahora me ha gustado de esta feria, y soy muy beligerante en los gustos, no dejo prisioneros.

Ahora espero a una amiga para que me ofrezca una mirada de esas que entienden más de la forma y el sentido en su conjunto y que yo desconozco, por mi escepticismo al sentido, o por mi timidez a conocerlo con el discurso dado de los autores, o por miedo a decepcionarme con este, puede ser.

Mientras, la música está bien y Sofía dibuja bien.

Comienzos de una varieté reflexiva

Me he sentado aquí, pero primero cabe decir que he llegado aquí con invitación, procurada por un contacto ligado a los dueños de esta mesa. Ahora sí; me he sentado aquí, en esta mesa, redonda y cuadrada a la vez, según ellos. Me han servido la taza de té correspondiente.

Les juro que he intentado que los sorbos no me hielen los labios ni me dejen el gusto amargo de las teorías conservadoras de la época, porque todo surge en algún punto, se desarrolla y, luego, tiene un fin; lo conservador es seguir viviendo en el desarrollo, con el té frío.

Ellos lo toman igual, té helado, la sospecha de los ingleses, y el recién hecho que he traído no me lo han aceptado. Ahora, el cuadro lo he completado con la palabra, esa cosa mutante, que toma sus significados depende el contexto, los tropos muchas veces toman el lugar y la causa. Y fue este el caso, en el que lo que yo había dicho era figura retórica poco imaginable.

Me han confundido con un posmo, y, por eso, me han dejado entrar. Les he contado la verdad, que soy un ecléctico y parece no haberles importado, pero no porque aceptan a los contra, ni a los parcialmente contra, como yo, sino porque creen que el eclecticísmo es parte del posmodernismo y, hasta, que este lo destruye para definirlo de esta nueva manera.

Pero todo pos es lo que ha sido destruido, es una mera etapa para otra cosa, como ha pasado siempre con las eras; el posmodernismo son las consecuencias del modernismo, que fue la ruptura definitoria de las barreras de lo anterior, lo que yo, Damián, creo ahora, es que el Ser, luego del posmo, va a seguir al excelentismo, al perfeccionamiento de todo lo que él ha podido y puede lograr, y luego el posexcelentismo será otra historia.

Los jerséis perfumados

Suspiro las evidencias de la roca que llevo en el estómago, redondeada por el tiempo, pero, aún, un resabio anguloso en el paladar. Me maldijiste y no cuestiono tus poderes, pero no creer en tus últimas palabras es mi credo; sí creo que estás de acuerdo conmigo, que fue necesario decirlo todo para que el futuro sea una contradicción tan cómica que, al final, mis escritos den pena. Me leeré en unos años y una lágrima se me caerá bailando, haré puchero aguantándome las ganas de cantar y me moquearé queriendo, empuñaré lo que tenga cerca y lo apretaré con todas mis fuerzas, esperando sangrar multicolor, y una pizca de sal, un baipás, y contigo.

Pero antes quiero anunciarte que, poderes, yo también tengo, no te hagas la exclusiva, Uli. Con tan solo la revocación de todo tiempo próximo imaginado, los manifiesto sobre un rango infinito, un aura invisible modificadora y evolutiva. Por eso no los puedo usar, por pensar en abrazar jerséis y no suéteres, porque lo platónico abunda en mí, en línea recta, de sien a sien, y contigo.