Destacado

Captura de pantalla 2017-06-11 a la(s) 11.57.05

Anuncios
Destacado

La historia de los mares

Encontré nuevamente tu recuerdo, escondido en el más trivial de los rincones. Lo abracé durante un rato hasta asfixiarlo y me quedé sin aire para revivirlo.

Ahora ando buscándolo en el papel, en los rulos de alguna desconocida y hasta en la presencia de las ratas que chillan por las noches, me llaman desde la calle. Ven, ven con nosotras, nos meteremos en los recovecos que aún te faltan recorrer del querer, me dicen, y cuando salgo afuera no encuentro más que la calle en silencio unánime.

Mi memoria es un ente melancólico e independiente que insiste con la imagen de un aeropuerto, tus piernas cruzadas y, frente a ellas, mi cabeza gacha dedicándote mares.

Destacado

¿Para qué?

Las cosas pueden no usarse, o usarse, para lo que son o también para lo que no son. Son y son usadas y las que no, malgastadas.
Una cosa se posa sobre otra, esta ejerce sobre la otra una fuerza de mismas proporciones. Una cosa que dice otra y una cosa que hace otra.
A lo que se escucha de una cosa, se le presta poca o mucha atención y depende de que cosa sea lo que se escucha, no fuera a ser que por escuchar perdamos tiempo por poca cosa o nada.
Que olor a cosa suelta disipada en el aire, ya no es la cosa que se olía hace cien años, una cosa suave, de tonos frescos, cosas del verano serán.
Uno es acosado pero no por eso es relacionado con alguna cosa del pasado y que cosas pueden acosarte de las cosas que forman parte de las cosas que uno no descarte. Si te acosan no disfrutas, si te acosan te agobias. Si te acosan te acostumbran a que las cosas te acostumbren y si te acosan con otras cosas siempre quedará la incertidumbre.
Qué cosa andar con vueltas para decir que las cosas son atletas que contra el tiempo rompen metas de desiguales proporciones con nuestras aprehensiones, nuestras cosas, pretensiones.
El hablar austero no es cosa del pichaje, no es cosa del campero, y no hay cosa mas sabida y el que piense diferente que me raje, que las cosas son solo cosas al no decirlas por su nombre.

Baño público

El viento estival que llegaba desde los campos del sur hacía odiar la canícula, en vez de dejarlo a uno agradecido de que aquel lugar no fuera Sevilla. Peí apuntando el culo al horizonte para bajarle las ínfulas de retratado famoso, para transformarlo en vista nimia, y en el ardid apresurado se me salió lo inconmensurable.
Llamaron al esbirro más audaz del pueblo y, por ser yo un cantante elegido, los partisanos se le unieron en la empresa. La visita resultó aciaga y violenta, pero con actitud recalcitrante y con mi retórica lírica y preponderante frente a la de ellos, conseguí transformarla en mitin o, simplemente, en vorágine. Aproveché la confusión para ausentarme en el propósito y poseer algunos de sus enseres, con rigor, en una nueva limosna. Cuando ya no pude disimular mi caminar incómodo, mudé mi cuerpo a un escondrijo y, aunque me pensé sagaz y taimado, sentí detrás de mí la persecución tácita, pero casual, típica de una tragicomedia.
Haciné lo que había conseguido en donaciones en un rincón que tapié con ramas, que también pude haber usado para limpiarme, pero ya había sido descubierto y las miradas fueron como un simún que, llegando al oasis, me volaba el tapabocas.
Los traté de metomentodos, les prometí inasequible el paraíso para ellos y que el infierno los aceptaría como una larga ristra de pecadores habitué. Sus caras tomaron un semblante argénteo, ignoto para mí, y comenzó de nuevo el litigio.
El contralor efectuado en mis días oficialistas fue criticado en masa y una chispa sofista nació en mí para argumentar, pronunciándome instigado, que llevaba un tocado de plumas de guacamayo jacinto, con rubíes de sangre y encajes con lágrimas de petróleo. Así continué. Mi lengua entusiasmada no aguantó mucho más y me atacó una dislalia que espabiló a los oyentes y con la cochambre en los calzones, salí corriendo, me cagaba en todo y en todos.

Legends

Legends

Cuando se anuncia los participantes perciben el llamado y se les activan las células que persiguen los buenos ratos, los momentos de sincronía entre la mente y el resto del cuerpo. Como la segregación de adrenalina pero ante algo totalmente diferente al peligro, ante todo lo contrario, el estrés es el que se estresa y el cansancio es el que padece, porque sienten que van a ser despachados una vez más, no hay cabida para ellos.

Una previa para terminar de catalizar la confianza que se tiene en lo que será alta noche, la escapada vivencial de los amantes melómanos del día común y corriente, la exhalación de aires profanos y azarosos que se contenían.

Porque es así, llega uno a ser libre en cuanto se pisa aquel terreno fértil para los sentidos, además de por su verdor para la natura, y desde un rato antes se palpita, los ojos se enardecen por la presencia de un espectáculo luminoso en el cielo y el horizonte que los convoca para no olvidarse nunca de moverse, de transgredir las reticencias y sentir más cerca los deseos, todo, ya desde la ruta.

Horas de rimbombante alegría sobre caderas, piernas, torsos y brazos frente a fogones o al escenario que son templo y vínculo que conecta a todos con todos, sin jerarquías, sin deícticos, y siempre es diferente, pero se mantiene un hilo conductor con las historias pasadas, todo va sumándose a la leyenda que así da su nombre.

22520230_1833156150240120_7628775010827450361_o

Nuestra jitanjáfora: capítulo 1

No había forma de convencer a Manuela de que dejara lo que estuviera haciendo para que fuese a soplar las velas en su casi improvisado cumpleaños. ¿Qué importan las velas?, ¿qué importan los globos?, decía una niña de diez años. Diez años, y luego tuvo treinta, y en esos veinte años pasa más que el tiempo y su aroma, pasan los desencuentros oblongos. Y luego tuvo cincuenta, entonces en esta edad todo se perdona mucho más rápido, y, mientras todos visualizábamos aquel medio siglo junto a ella, pensando que era la mitad de una canción, uno ya conoce el estribillo y quiere volver a oírlo; que era la mitad de una aceituna, ya percibimos el carozo, su forma y su textura, y tratamos de evitarlo y desprenderlo del resto del carnoso fruto; se nos fue Manuela.

Mateo había llegado dos días antes y, en ese suspiro, la persona que más había querido se había despegado del cuerpo, de un salto, para integrarse en la comunidad del recuerdo, entre las fotos y los rincones pisados, los videos y los olores que consuman vitalidad en el obrar de la presencia.

Manuela y Mateo, azúcar y agua, por más que la cuchara haga su trabajo, el agua, sí, quedará azucarada, pero el azúcar será difícil de hacer desaparecer en el vaso. Siempre estarás solo le dijo una vez ella, y se lo creyó. Como quien le hubo profesado y revelado su futuro, resultó necio, tanto como para hacerle caso a aquellas palabras de infortunio y desgracia. Para eso ya estamos nosotros mismos, pensaremos en barbaridades, catástrofes y mezquindades para que luego nos sorprenda la felicidad insospechada. Al principio todo fue así, ella se iría y él se quedaría, era una verdad inexorable, pero el humano, hipócritamente, tan contradictorio que da pena, guarda siempre un poco de esperanza, alguna ráfaga de aire en el mediodía de verano y si llega, es una hilera de dientes descubiertos para todos, pero también, a veces, una hoja marchita levantada del piso y pegada con cola en el lugar que ocupaba, mientras un nuevo brote hace fuerza para despacharla, una falacia.

Se esperaron, ¿para qué?, para que en cuarenta y ocho horas se disfrutaran como si no hubiera otro fin venidero que el del padecimiento, y que así lo fuera; para que los ojos tuvieran dos actos disímiles y un telón cayéndoseles, sin haber tenido la oportunidad de entremeses. Pero las horas valieron más que los años de virtuosos logros y los actos valieron más que todo el palco y las tertulias vendidos. Porque era la distancia un escollo hecho añicos, era la espera un caramelo relleno y todo fue relativo luego de su último primer roce.

Captura al paso

Querida de los labios lentos,
de los abrazos más cortos que verdaderos,
de los mensajes erróneos a propósito,
de las miradas a medias y por tropiezo.
Querida de venas de hierro,
de sangre de hielo,
de angustiosas palabras que, recien ahora, se las lleva el viento.
Querida,
has matado la ilusión al tiempo,
has musitado la desdicha en todo momento,
has sembrado un final que desconocía,
has dejado enfriar el café que al parecer solo a mí me apetecía.

Las humanidades actuales

En agosto de 2015, un grupo de tiburones blancos de las costas americanas del Atlántico vieron a otro de su especie, pero de cuerpo ferroso, saltar como ninguno de ellos lograría hacerlo jamás. No muy lejos de allí, una noticia que sobrecogía a los seres humanos tenía como protagonista a un pez espada que vestía escamosa metalistería. Con su pico largo había atravesado a un humano que se bañaba mar adentro, al lado de su yate blanco como la inocencia, y disfrutaba de un día ideal de verano; dejándole a su especie una muy mala imagen y reputación, y otra razón a los pescadores para ir tras ellos.

Aquí, los humanos, ¿qué hacen? Bueno, a pesar del percance con la única vida perdida hasta el momento, se vanaglorian por su capacidad de invención, y se trocan elogios. En las distintas mesas del mundo es tema de conversación y de estúpida sociabilidad visual. Esperaban a que saliera a la venta el nuevo invento, el Seabreacher.

Por otra parte, los peces espada arman un sindicato y, así como viene, cualquiera adivinaría lo que los tiburones blancos hicieron, pues así pasó, y estos también tuvieron el suyo. Un grupo de tiburones ballena aprovechan las aguas caldeadas para presentar también sus denuncias, de diferente índole, vale aclarar, como el derecho a la privacidad, apelando al cese de la filmación 24/7 de parte de los documentaristas, permitiéndoles a estos, sí, grabarlos por un período más acotado, como lo eran las 8 horas diarias y con algún que otro día libre; y armaron otro.

Entre tanto alboroto peligroso, muchos otros peces se escondieron por ahí o les urgió la migración.

Las tortugas fueron las últimas en unírseles con una nueva asociación, puesto que el veloz cuatriciclo híbrido había salido a la luz unos meses más tarde, estaban cansadas de tanta ironía; y así el cuadro se completó y se manifestaron. La naturaleza atacó a los humanos, naturalmente, y los humanos, al final, vencidos, pero nunca perecederos, replicaron que gracias a sus novedosos chiches, estos animales, al parecer, tenían la capacidad de razonar y de hablar.

En el correr de los años hubo más inventos y más humanos. Los sindicatos acuáticos se disgregaron, reptiles y peces se fueron pensando que los humanos estaban en lo cierto, pero volvieron a sus andares y jamás se los volvió a escuchar, porque ya se habían olvidado el motivo por el cual pronunciar palabra alguna.

Feria de arte

Desencadené la determinación al querer comprometerme con la cultura montevideana. Estoy en una feria de arte en el Museo del cannabis. Es austera. Me presento al aire acogedor y acepto la etérea presencia de los artistas exponedores.

Ofrece arte contado con los dedos de una mano, pero buena, dentro de los márgenes estéticos que creo que se propone. No voy a mentir, he vichado sin darle tiempo a la contemplación, pero es que ya conozco la obra de una de las artistas, y es lo de ella lo que hasta ahora me ha gustado de esta feria, y soy muy beligerante en los gustos, no dejo prisioneros.

Ahora espero a una amiga para que me ofrezca una mirada de esas que entienden más de la forma y el sentido en su conjunto y que yo desconozco, por mi escepticismo al sentido, o por mi timidez a conocerlo con el discurso dado de los autores, o por miedo a decepcionarme con este, puede ser.

Mientras, la música está bien y Sofía dibuja bien.