Domingo

Tras el golpeteo de la lluvia sobre la ventana desprovista de postigo, se mimetizan memorias y actúa el subconsciente también, ¿por qué no?
Tú, quizás, tengas un papel de aquí en adelante, o todo lo contrario, no se escuchará tu silencio siquiera. Anoche fuimos tres, nosotros dos más una botella de whisky.
Se da por hecho que sigo respirando, no hay que alarmarse por ello, no sufro de ninguna enfermedad crónica y sigo siendo ágil como de niño. Estoy sobre la antigua mecedora de mi abuelo, con cara pálida, frente a la ventana, por elección.
El silbido inconfundible de la caldera con agua que se evapora se agudiza y el teléfono suena repetidas veces, pero es el aroma a pan tostado al que atiendo.
Ahora solo me acompaña esta tremenda resaca.

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