– Pisa el suelo y serás humano- le dijeron los últimos patricios de aquel mundo sin colores a un fiel pensador.
Este en seguida dejó de pensar.
– Infiel- una primera voz, casi insegura.
– ¡Infiel!- la misma ahora tan fuerte y trémula como una ópera.
– ¡Infiel!- una segunda voz.
En el último tramo, en los últimos metros, los últimos patricios tomaban la palabra, la misma palabra que las anteriores. Al tocar el piso, primero bien, con los pies, ya era humano, más humano que nunca, y luego lo hizo con las manos y el resto del cuerpo, y ya no era nada.
Destruyó la distancia y luego de haberlo hecho, la décima de segundo más larga de su existencia la dedicó a vivir. Y allí pensó.

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