De cuando todavía había cuerda

Algo que escribí antes de que se desataran los ataques en París, de cuando todavía quedaba algo de cuerda, cuerda de la que pendía mucho peso, y el peso de la ignorancia, el más pesado, sentenció. Sentado en un muellecito en Barcelona, escribí sin pensar nunca en lo que acontecería luego tan cerca. Porque hay algunos que nos despertamos con la sacudida y no con el ruido que aún así se esfuerza.

Del otro lado, África, sólo espero que las nubes grises que llegan, no sean la bienvenida al humo y éstos aviones que arriban, la inevitable búsqueda de paz. Me entristecería. Qué tránsito aéreo, imaginen. Aún así, volando traen vestigios de humaredas maliciosas, egoístas.

Mediterráneo, mar con olor a otras realidades, y los ruidos llegan aquí desde los dos polos por igual.

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