Al Sentarse

He estado dejando pictogramas más básicos que los de cualquier cavernícola que haya existido. Sobre los ladrillos, he dejado el rastro de mi estupor inducido por el humo y este líquido turbio de mi taza.

Será un cliché el cigarrillo y el café, el hacerse pasar por un interesante personaje de una de las historias de las que escribo. Ese soy yo, un personaje mío que está exento de mi propio control a veces. ¿No somos todos así?

Frente a mi tengo la vista de un anacoreta frustrado, pinos y casas, pájaros y drones de vez en cuando, el silencio del viento y el ruido del humo. Todo tengo que observarlo con la mirada poco floja y sentenciosa, y no calza otra cosa que no sea la subjetividad. No todos seremos así.

La buena lectura, la he dejado de lado por hoy y pienso en los recovecos en los que me he metido, por donde he andado a pie, por donde he andado sobre cuatro ruedas, también cuanto he tenido que volar, y me pregunto cuantos kilómetros he de seguir recorriendo para que yo sepa de veras, que es lo que quiero ser. Y si la noche nos disfraza, ¿que disfraz elegirías?

Las palabras sirven en ocasiones para hacer reparo en lo que uno ha hecho y deshecho. Unas palabras resumen lo que ocasiona dejar solo la borra del café en la taza y las cenizas sobre una pared, unas ganas barbaras de ir al baño, risas incompletas.

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