Ahí estamos

La metonimia para desorientar a los chusmas de las paredes adjuntas, el tacto suave de los dedos deslizándose por la piel, la piel de gallina —y no por el frío—. Poco importa pensar, ahora que tienes este momento para ti, para mí. Hablamos siguiendo el guion imprevisto de rencores o expectativas.

Se hablan, los cuerpos se hablan, la ropa cuelga entonces en la silla, en la puerta, sobre la mesa de luz y hasta sobre el gato que intenta zafar de la trampa. El recodo de tu cintura, que se forma contra mí, se deforma alejándose y vos cedes para que ávidamente vuelvas tus pechos contra el mío. Nos besamos y nos odiamos por no dejarnos respirar. Nos separamos y nos ansiamos por volvernos a encontrar.

Me dices cosas al oído, oído que ha escuchado tanto pero ha entendido tan poco hasta hace un rato, ahora lo vuelves sabio. Y entro buscándote con los dedos y ya no me dices nada, yo te murmullo algo y me callas. Nado sin remos, te ahogas en suspiros, me aprietas, te aprieto, me acaricias, te acaricio, me matas y lentamente te dejo matarme.

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