El prólogo

Estoy en este rincón tan cerca de ti y tan lejos Uli. Debajo de mis pies veo que se junta el agua, se estanca como los sentimientos en un desnivel no planificado, como lo hace esta agua en la casa.
Estoy detrás, mientras en ese entonces completabas el proceso de comunicación a distancia y no conmigo, como receptora y como emisora, el medio es irrelevante. Y aquí en la barbacoa si te asas será tu culpa y si no, la mía.
Me mostraste las callejuelas, las que te saben a tierra conocida y añorable y que más tarde descubrirían también mis pies y mis manos, también la cara cuando dejaran de ser los ojos los únicos privilegiados
Es un espejo lo que tengo abajo, el espejo natural que crean las lluvias y las lágrimas. El té y el café también, pero estos lo hacen con una impureza irremediable. Se reflejan las chapas, las maderas, los fierros, las arandelas y los tornillos, todo con lo que vos y yo nunca hemos construido nada. Ni con nada hemos construido algo. Hemos creado desde el principio, el principio.

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