Nada resuelto

Que misterio cuando te quedas observándome, así como yo observo a las hormigas ir y venir detrás de los bancos donde nos sentamos. Cargo con tanto, así como las hormigas. Espero que no me tengas lástima, no soporto eso, yo lo hago por obligación, mi tarea diaria, como la de las hormigas. No me aplastes, ¿para que me acompañas sino?

Aprecio los litigios, las querellas, que me reservas, porque son para mí y no hay otro motivo por qué compartirlos con otros. Te mandaría a cagar, pero ¿de qué sirve eso?

¿Te cortaste el pelo?, no estás aquí, te mueves diferente y además me llamas, me llamas para decirme que no te llame. Luego el pesado soy yo. Dime lo que piensas que quiero, porque yo todavía no lo sé. Tengo batallas pacíficas dentro del coco, suenan a jazz y huelen a pescado, esas cosas que no sabes si están bien hechas, si le habrán dado a la nota o simplemente está rancio.

Me muevo debajo de mi propia sombra, me da calor ser como antes. Que alergia me contagiaste, la del pesimismo, necesaria, pero alérgica que da miedo. Me rasco más que nunca y la cura no parece existir.

Que misterio.

Que misterio lo que escribo a veces.

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