Sin carril

Las veces que no sabíamos lo que bailábamos aprovechábamos a mirarnos y creo que por eso lo bailábamos como lo bailábamos. Siempre supe cómo revolverme en esos casos, con los pasos del gramillero, el de la comparsa que pasaba los sábados por nuestra puerta, pero vos, vos hacías un esfuerzo para no reírte de mí. Esa noche no fue la excepción, solo me faltaba un bastón, me agarraba de tus manos. Hacía de tu cintura la locomotora de este carro de carga humilde, pero pesada. No preguntes por qué sigo con estas alegorías de rieles y pañuelos blancos y muñecas flojas de despedida, lo que se ve tanto en las pelis, es que hoy me rehuso a bajarme de este tren.

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