La historia de los mares

Encontré nuevamente tu recuerdo, escondido en el más trivial de los rincones. Lo abracé durante un rato hasta asfixiarlo y me quedé sin aire para revivirlo.

Ahora ando buscándolo en el papel, en los rulos de alguna desconocida y hasta en la presencia de las ratas que chillan por las noches, me llaman desde la calle. Ven, ven con nosotras, nos meteremos en los recovecos que aún te faltan recorrer del querer, me dicen, y cuando salgo afuera no encuentro más que la calle en silencio unánime.

Mi memoria es un ente melancólico e independiente que insiste con la imagen de un aeropuerto, tus piernas cruzadas y, frente a ellas, mi cabeza gacha dedicándote mares.

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