Dejen salir

Dentro de sí, esperaba para salir. Nadie le abría, nadie golpeaba siquiera aquella puerta. Desde adentro no tenía pestillo, ni marcos, ni cerradura.

Esperaba sin ansiedad, sin expectativas, pero con esperanza.

Murió dentro, esperando para salir y arrancarle los ojos mentirosos y la boca atrevida y balbuceante de ese cuerpo, que flotaba sin ella, sin su alma.

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