Camperas y bufandas

Hoy se quejaron del frío mirándome a los ojos, con el propósito de hacerme cómplice en esa querella. No era el momento ni estaba en el lugar mas adecuado para mostrarme muy reticente, así que contesté diciéndole que estaba acostumbrado. No mentí.

Del frío nacieron los abrazos, el fuego de una chispa y esa chispa de ojos perspicaces, que miraban los míos que se distraían con tu boca, al descubierto tus paletas. Si muerdes, nada sangra, sólo deja marcas.

El frescor de palabras, mandamientos y alabanzas, surca los oídos, la conciencia y el alma, pero cuando salen saludando a tu campanilla, acariciándola o golpeándola, haciéndola repicar en tu garganta, hierve el pecho sabiendo que me hablas.

Hervía todo en tu presencia, por eso el frío fue el más perjudicado, despachado, marginado, después volvió y ahora es residente, mientras vos aún, aún.

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