A bordo con Bohemia y la dicotomía del ser.

¡Qué declive de la razón!, los caminos sinuosos del deseo. Qué trabajoso apartar la vista de tus hombros al descubierto, mi marinera.

Tomaste el timón en la feria de Tristán Narvaja y no sé qué era, si las rayas azules sobre el blanco de tan ajustada y escotada camiseta, si tu espalda en parte desnuda o si tus hombros, que eran el mar acotado, y su perfume de avellanas, de dulce aproximación; lo que me advertía que, en ese instante, vos, eras mía. Fantaseaba con tener una infinidad de otras oportunidades, pero nada duraría más que unos pasos, un par de calles y, al final, el adiós unilateral. Entonces, me sumergí. Así, como un ancla, pero sin cadenas que la sujetaran. Ya vendría otra pirata viendo oro en todas partes.

No me podía mover ni dejar de pensar en lo que pudo haber sucedido si hubiera seguido detrás de tu vaivén y de tus omóplatos libertinos, si los hubiera seguido hasta la puerta que exige dos o más voluntades, dos o más deseos deseosos de desearse un poco más.

Bohemia, saltemos a bordo algún día, te quiero llevar a buen puerto, unas cervezas, tabaco y música, las ganas y Brujas.

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