La anatomía de la pizza

He desarrollado la habilidad de manipular el tiempo de una hora, lo que dura en hacerse una pizza, por decir.

Desde que sé cuándo empiezan sé cuándo terminan, mis 60 minutos. Es cuestión de administar los caprichos, los deseos y las responsabilidades. Los primeros son los que componen las actividades que efectivamente realizaré durante esa hora; los segundos son todo lo que no llegaré a hacer; y las terceras, por ser de naturaleza caprichosa, forman parte de tan solo un subgrupo de los primeros.

Mis caprichos, conforman un grupo finito, mis deseos uno infinito y, aunque parezca imposible, cabe todo, minuto por minuto.

Aún no logro transponer este don hacia los días, mucho menos hacia los meses o los años. Qué resuelto estaría todo, la seguridad invariable, el futuro irreprochable, el ahorro en infraestructura de aquellos que construyen sus caminos. La vida, una receta con tres ingredientes.

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