Montevideo2

Citadina, ¿cómo estás? Desde tu última mención no ha pasado mucho, lo sé. Es que me urge detallar, sugestionar las conciencias atentas de esta ciudad y sobrecargarlas, porque solo los que leen son los leídos y solo los que escuchan son los escuchados.

Lo he dicho y me lo han dicho, «No ves el fin, ¿eh?». Y estábamos tan equivocados. Vemos el fin, y es por eso que aletargamos todo para que no llegue, y digo aletargar porque es el verbo que describe el recorrido mal recorrido, el camino mal caminado. El fin es poco perjudicial, el fin es la eternidad contemplada, ni leída ni escuchada.

Estaba guardando una flor tan deshojada que daba lástima, Citadina, pero es que este domingo es una ración de piedras y peldaños, o sea, una ración de frío, o, mejor dicho, una ración de camas de una plaza y puertas cerradas, o sea, una ración helada.
Hoy es lo único que puedo calentar, prender mecha y animar, voluntariosamente, sí. Luego todo dependerá de tu estufa y si no se le rompe el chisquero, porque yo tengo encendedores de sobra, justamente, para estos días, así lo creo ahora.

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