Los jerséis perfumados

Suspiro las evidencias de la roca que llevo en el estómago, redondeada por el tiempo, pero, aún, un resabio anguloso en el paladar. Me maldijiste y no cuestiono tus poderes, pero no creer en tus últimas palabras es mi credo; sí creo que estás de acuerdo conmigo, que fue necesario decirlo todo para que el futuro sea una contradicción tan cómica que, al final, mis escritos den pena. Me leeré en unos años y una lágrima se me caerá bailando, haré puchero aguantándome las ganas de cantar y me moquearé queriendo, empuñaré lo que tenga cerca y lo apretaré con todas mis fuerzas, esperando sangrar multicolor, y una pizca de sal, un baipás, y contigo.

Pero antes quiero anunciarte que, poderes, yo también tengo, no te hagas la exclusiva, Uli. Con tan solo la revocación de todo tiempo próximo imaginado, los manifiesto sobre un rango infinito, un aura invisible modificadora y evolutiva. Por eso no los puedo usar, por pensar en abrazar jerséis y no suéteres, porque lo platónico abunda en mí, en línea recta, de sien a sien, y contigo.

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2 comentarios en “Los jerséis perfumados

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