Para leer los domingos

Etérea libertad del ser que dota a la decisión de sentido y crece en la cara del compungido, que adora a falsos dioses a veces y, muchas otras, por convicciones individualistas y nihilistas, fundamenta, falsamente, por qué no ha procedido de tal o tal manera. Nos enferma a todos la imposibilidad de decirse la verdad uno mismo a los ojos, porque eso no se puede hacer con la ayuda de un espejo, que siempre lo transforma todo en virtual e incompleto.

Al final está el fin, al comienzo siempre lo estuvo, pero concederle las caricias al tiempo y que este te responda con miradas de «nada se puede hacer», de cierta manera me atrae. Relativizo y genera esperanza. Podemos hoy, no lo sé mañana.

El giro y la puja que le hemos concedido a nuestros pareceres me parece mutuo, sin embargo queda el quedar y falta la cercanía y las respiraciones compartidas, de tanto oxígeno creo que arderíamos, pero el fuego azul, verde, multicolor, no le a disgustado nunca a nadie, hipnotiza y nos comprende mucho más, creo que sabe lo que buscamos y el por qué de lo que encontramos.

Para peor tampoco sé si me explico.

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