Carla Magna

Montevideo, lunes 12 de marzo de 2018.

Carla:

Tan simple ha sido nuestro desapego como tu nombre. No sabía qué decirte que no te hubiera dicho ya, esta carta es el tirón superfluo de mis rencorosos impulsos. Volver atrás se me ha hecho un pasatiempo, a muchos les afecta negativamente, pero a mí ociosamente. Nos queríamos, nos queríamos dejar, tan bonitos son los rostros cuando, de pronto, felices, encuentran lo que buscaban.
Pero es como te comentaba, hay algo que tengo dentro, impulsivo, es independiente y es la semilla del miedo metaproposicional que aparece tardíamente, me pregunto si a vos te pasará. Te vi pasear al perro y a tu nuevo sentimental errante y pienso que eso la hizo germinar.
Fue contraproducente que, luego de aquel avistamiento que para vos pasó desapercibido, yo te fuera a tocar la puerta para llevarle unas galletitas y agua a Pachu, que imaginé exhausto, luego de que lo arrastraras, con una correa cortísima, varios kilómetros por un beso de tres segundos y una mueca de satisfacción poco demostrativa. Sí, los seguí y espié, injustificable.
Me recibiste no entendiendo nada y me echaste entendiendo menos, por eso te escribo, explicándote por qué me despachaste, esperando que me contestes, si es que ya lo has descifrado, por qué fui tan bien acogido, con mates, abrazos y, luego, sábanas.

Besos de minutero,

Erlend.

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