Siempre un ser

Seres querides
de la noche
he encontrado la forma de dormir
sin mover aquellos enseres,
sin el habitual reproche.

La mandíbula
ya no me duele
al despertar de un longevo sueño
ni de una doble pesadilla
ni aunque no tenga quien me consuele.

La materia
me traspasa
de ningún lado y de todos,
son la vena y la arteria
las raíces de esta selva casa.

Ya valgo más
que las dualidades,
el sol y la luna se han olvidado
del polvo de estrellas, del fuego y el gas,
los consideran casualidades.

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