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Poema

Un cenicero, por favor

Hay en el circular paseo
un amor por el contorno:
Las palabras dichas o calladas,
mil muecas, una o dos zancadas;

el café en una esquina
los múltiples puchos en un banco,
hasta que los pies hayan descansado;

el fútil intercambio de salivas
de otras bocas, de otras personas,
y nuestra amable reticencia
a copiarles, a plagiarles en vida.

Al final, nos uniremos todes
en hermoso fino polvo
que el viento en remolino
mezclará en mudas espirales.

Junto a las tempestades
bajo el peso del agua de lluvia
nos llamarán sedimentos
tan quieta esta palabra
que por ella volveremos
como volcanes, intrínsecamente, activos.

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