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Poema

Se cobran cubiertos

He citado al destino
a un restaurante de Ciudad Vieja
nos han preguntado si queríamos pan
y qué era lo que queríamos almorzar,
raro el orden de aquel cuestionario,
yo he sido el único que ha sabido contestar.

Durante toda la comida,
me estuvo observando,
mis maneras con los cubiertos,
también con las servilletas,
hasta dejarme sin apetito,
no pudiendo terminar ni la ensalada,
omitiendo el postre
y cualquier oportunidad de sobremesa.

Cuando pagué la cuenta
el vacío me colmó por completo,
la billetera, los bolsillos y mis secretos.
El destino se despidió sonriendo
y, por vez primera, movió sus labios,
me contó que ya lo sabía.

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